18 jun 2016

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I Muestra de la Escuela de Artes de Elche

Los alumnos de la Escuela de Artes de Elche demostrarán todo lo que han aprendido durante el curso el próximo sábado 25 de junio en l'Escorxador Centre de Cultura d'Elx

La Escuela de Artes de Elche presenta su primer muestra el próximo sábado 25 de junio en en l'Escorxador de Elche, antiguo matadero municipal. En este evento, los alumnos de dicha escuela demostrarán todo lo que han aprendido durante el curso. Además, también se presentarán otros espectáculos ajenos a la escuela, como el show de Palm Street Quartet.

Dado el alto número de personas que desean asistir, la muestra se dividirá en dos sesiones, por lo que habrá dos pases: uno a las 18:00 y otro a las 20:00. El precio de cada entrada es de 3€ y se pueden comprar directamente en la taquilla del Gran Teatro o por Internet a través de esta web. La organización de la muestra corre a cargo de la misma Escuela de Artes.
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12 jun 2016

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Ahora que todos aprendemos de Las Vegas...

     ...con la barbarie que nos envuelve en perpetuo giro, cambio y transformación, inmersos en una sociedad ininteligible, fragmentada y herida de muerte, cualquier manifestación artística puede convertirse en una prodigiosa máquina de respiración asistida artificial, capaz de salvar al hombre asilado y aislado; un ser, llamado contemporáneo, que siente con terror y conmoción por sus dolencias espirituales, además de por su desencuentro con la madre naturaleza, sin olvidar su enorme perturbación causada por la inexistencia de posibles atisbos de moralidad. Vivimos ante el hombre asfixiado; idea que ya consideraba René Huyghe en su ensayo El Arte y el Hombre, en las postrimerías del siglo XX.

     Ahora que nos sentimos fascinados por un espacio cultural degradado, repleto de series televisivas norteamericanas y las propuestas del “último pase” de la película de la semana, infectados de “paraliteratura” en clave de folleto turístico de aeropuerto, sin desconsiderar menos biografías populares, novelas rosa, amarillas o negras, fantásticas, de ficción o de saldo y ocasión. Influjos egregios que hubieran citado James Joyce, Gustave Mahler o el mismo Stanley Kubrick; y que ahora se suponen incorporados a la esencia del creador, pero que lamentablemente no están. Percibimos un “Ethos” disonante y escandaloso, cuando no subversivo o antisocial; recuérdese que “la vía intermedia es la única que no conduce a Roma”, decía Arnold Schönberg.

     Nos asaltan oleadas refrescantes de géneros de apariencia novedosa, con cifras de negocio siempre crecientes y como en toda la historia ha sucedido en cada época, el trasfondo nos muestra la muerte, la sangre, el conflicto, la tortura y el horror; en perfectas edificaciones de diseño consumista y sobre estructuras esquizofrénicas. Toman cuerpo nuevos tipos de insipidez, refugio cultural perfecto del ser contemporáneo, en la gran diáspora de las mónadas, desplazando la alienación hacia su descomposición y desaparición. En verdad, cientos de millones de seres humanos, llevados por unos amos endiosados y repugnantes, señores sin rostro que producen y reproducen las estrategias económicas mundiales que constriñen nuestras vidas; que condenan así al ser humilde y desnudo a la soledad sin ventanas, un ser enterrado en una vida irreconocible y sentenciado, la mayor de las veces, en preciosas jaulas de oro, a la vez que celdas de una prisión sin salida. El imperativo de novedad trae nuevas ideas, pero también se cae en lo superficial al convertirse en moda.

     Nos asaltan simulacros, copias idénticas de originales inexistentes; apariencias que nos construyen recuerdos no vividos. A su vez, nada es ya inviolable, todo puede ser cambiado.

     Sabido es, sin ninguna duda, desde la Antigüedad, que conocer no es reproducir; es construir. Si observamos la concepción constructivista del ser humano, nos presenta la idea de un sujeto cognitivo y social que no es el mero producto del ambiente ni de la herencia, sino el resultado de un proceso dialéctico y didáctico que involucra ambos aspectos. Por tanto, el conocimiento no es un reflejo del mundo – no hay más que ver el nuestro -, sino una construcción elaborada por el sujeto en la que son evidentes experiencias previas, ideologías, saberes acumulados y las representaciones e imaginarios sociales. Cabe sentenciar que el acceso al conocimiento, su producción y posterior comunicación no es una acción sintética, concreta o denotativa, es una palabra que se extiende al hacer en todas las direcciones, en todas sus manifestaciones. Es la posibilidad del ser estético o no, para expandirse, crecer y construir; es decir, construir conocimiento. Me viene ahora a la mente, Gustave Flaubert, cuando decía – no sé si exactamente así, pero dentro de esta concepción -, cada cosa tiene un sustantivo que la nombra, cada acción un verbo que la mueve, y cada cualidad un adjetivo que la designa; ahí empieza el problema, en la pobreza interpretativa y lingüística en la que nos encontramos, de acuerdo con un mundo culturalmente empobrecido, sobretodo porque el débil pensamiento individual se apropia de la cultura del grupo humano al que se pertenece. Cierto es que para la mayoría de nuestra sociedad la creatividad o la creación es un “don” privado de algunos elegidos a los que se encuadra en la categoría de artistas, talentos, descubridores o genios. 


Me remitiré a las palabras de Lev Vigotsky:     “Llamamos actividad creadora a toda realización humana generadora de algo nuevo, ya se trate de reflejos de algún objeto del mundo exterior, ya de determinadas construcciones del cerebro o del sentimiento que viven y se manifiestan sólo en el propio ser humano”.

     Siguiendo con Lev Vigotsky

     “Toda actividad humana que no se limite a reproducir hechos o impresiones vividas, sino que cree nuevas imágenes, nuevas acciones, pertenece a la función creadora o combinadora. El cerebro no se limita a ser un órgano capaz de conservar o reproducir nuestras pasadas experiencias, es también un órgano combinador, creador… Es la actividad creadora del hombre lo que hace de él un ser preyectado hacia el futuro, un ser que contribuye a crear y que modifica el presente”.

     Puede afirmarse que la actividad creativa se relaciona directamente con la variedad y la riqueza de la experiencia acumulada; vivida o no, veraz, verosímil, parodiada o falseada. Posteriormente, la industria cultural llevará a todas partes los elementos de la sociedad de consumo por “imbecilidad calculada”, según Theodor Adorno, de la Escuela de Fráncfort, al que debemos recordar por la cuestión central de su pensamiento: ¿Por qué la humanidad, en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, se hunde en un nuevo género de barbarie?.

…ahora que todos aprendemos de 

Las Vegas.
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26 may 2016

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Beethoven, L. van - Obertura de Las criaturas de Prometeo


Las criaturas de Prometeo fue el único ballet que compuso Ludwig van Beethoven. Acabado en 1801, tiene una armonía mucho más sencilla que la de sus sinfonías: las innovaciones que vemos en sus obras más complejas aquí no aparece, pues opta por emplear una estructura formal más convencional y, en general, un estilo compositivo más tradicional.

Ludwig van Beethoven,
Joseph Willibrord Mähler, 1804
/ Creative Commons
Fue al componer la música para este ballet cuando Beethoven se acercó por primera vez al mundo teatral de este modo. No sabemos cómo llegaron a colaborar el entonces joven compositor con el conocido maestro de ballet Salvatore Viganò, coreógrafo italiano que iría a Italia tres años más tarde, esta vez a Milán.
El ballet está dividido en dos actos. Prometeo creó al primer hombre y a la primera mujer con arcilla, dándoles vida con fuego robado del Monte Olimpo. Al ver que no les podía otorgar la capacidad de razonar, decide destruir su obra, pero una voz le impide hacerlo. Entonces, los lleva al monte Parnaso donde se familiarizan con la música por orden de Apolo. Así desarrollan la razón y la emoción, además de apreciar la belleza en la naturaleza.

Aunque todavía quedan bocetos del ballet, no se ha preservado ningún borrador de la obertura, que probablemente fuera escrita a principios de 1801. A pesar de que hubo críticas un tanto poco favorables al ballet, este fue representado dieciséis veces ese mismo año y otras trece al año siguiente.

La obertura, que fue la primera compuesta por Beethoven, se convirtió en un patrón de la estructura clásica. Está compuesto en forma sonata, ya que desarrolla dos temas contrastantes con una exposición, un desarrollo y una reexposición de los mismos, precedidos por una introducción y cerrados por una extensa coda. Presenta una introducción lenta, marcada adagio, que termina en el compás 16 con las trompas precediendo la exposición. Esta abarca del compás 17 al 89, y está seguida por un breve desarrollo de los temas, caracterizado por progresiones modulantes con fragmentaciones del material melódico. En el compás 133 comienza la reexposición y la obra acabando con una larga coda a partir del compás 229, rasgo típico beethoveniano que se puede observar muy claramente, por ejemplo, en el último movimiento de su octava sinfonía. El contraste entre las dos ideas presentadas es muy efectivo, con una orquestación muy eficaz que emplea la sonoridad de lo distintos grupos instrumentales como elemento musical para enfatizar la diferencia en carácter y color entre los dos temas principales.

La sonoridad y la estructura son muy clásicas y, de hecho, se han encontrado numerosos paralelismos en el desarrollo de las melodías con Ifigenia en Táuride, una ópera compuesta por el magnífico compositor operístico Christoph Willibald Gluck. Haremos un breve inciso para hablar de esta ópera.

Gluck, quien trató de revolucionar el modo en que las óperas se componían e interpretaban, consideraba que la mayoría de óperas tenían o bien historias muy superficiales y poco trascendentes, o bien una música muy poco imaginativa y sin ningún tipo de interés. La querella entre los gluckistas y los piccinistas, quienes preferían el estilo de Niccolò Piccini, curiosamente fue terminada con el reto a ambos compositores de componer una ópera basada en el tema de Ifigenia en Táuride (tragedia griega de Eurípides). El éxito rotundo de la obra de Gluck, en la que empleaba todos los recursos que él defendía como los puntos clave de su reforma operística, en cierto modo cerró la disputa y nos dejó una de las óperas más importantes del Clasicismo musical.


Curiosidad


La segunda sinfonía de Franz Schubert utiliza el primer tema de esta obertura como tema A para el primer movimiento. Franz Schubert admiraba a Ludwig van Beethoven como compositor.
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23 abr 2016

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5 cosas que no sabías de Franz Schubert

1. Antonio Salieri descubrió al joven Schubert y cambió su futuro

A Antonio Salieri, entonces una de las autoridades musicales más importantes de Viena, le sorprendió el talento vocal de Schubert, quien ya había estado aprendiendo música con su familia. En otoño de 1808 recibiría una beca de canto coral en el Stadtkonvikt, donde expandiría su horizonte musical conociendo obras de Mozart, Haydn y otros coetáneos. Mientras tanto, Salieri admiraba sus inquietudes en musicología y composición, llegando a darle clases en estas materias.

2. En el Stadtkonvikt encontraría su pasión por los lieder
Tumba de Beethoven.


Los lieder de Johann Rudolf Zumsteeg le fascinaban, si bien comentaba a sus amigos que él querría modernizarlos, pues carecían de la complejidad armónica de la música en otros ámbitos. Uno de estos amigos, Joseph von Spaun, le ayudaría económicamente al principio de su carrera musical.


3. Su hermano diseñó la tumba de Beethoven

Ferdinand Schubert, el hermano de Franz, también fue compositor, aunque quizá sea más conocido por haber promovido la publicación de las obras de su hermano.



Gafas de Schubert.
4. Su octava sinfonía, conocida como la inacabada, sigue siendo enigmática

A pesar de tener otras sinfonías inacabadas, cuando alguien menciona la sinfonía inacabada de Schubert, es la octava la que se recuerda. Esta sinfonía en si menor es la mayor proeza sinfónica del compositor, e indudablemente interesante. Por ese mismo modo parece extraño que, con el esfuerzo que le dedicó a los primeros dos movimientos, tan solo dejara un boceto del tercer movimiento y decidiera no acabarla. Además, únicamente salió a la luz más de 30 años después de la muerte del compositor.

5. Robert Schumann descubrió su novena sinfonía en un baúl

Schumann expresó su emoción y sorpresa al encontrar esta sinfonía, conocida como la Grande, en un baúl después de que el compositor muriera.


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19 abr 2016

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Joseph Haydn: sus alumnos y su influencia (III)

Ludwig van Beethoven. / Creative Commons
La influencia de Haydn en Ludwig van Beethoven es más que evidente y él continúa con los grandes rasgos de las últimas sinfonías de su maestro. Por ello, se puede ver cómo las sinfonías primera, segunda y cuarta comienzan con una introducción bastante larga en Adagio, cada una con rasgos extremadamente innovadores a pesar de tratarse de la primera etapa de Beethoven. En la primera sinfonía, comienza con una broma del estilo de Haydn ya desde el principio: cadencias a "tonos equivocados" pasando por fa hasta conseguir establecerse en un do mayor que todavía queda un poco dudoso para el oyente. La cuarta sinfonía va mucho más allá, con una complejidad en la broma sumamente grande, donde la introducción entera está en si bemol menor (la sinfonía está en si bemol mayor) y hace un viaje a través de tonalidades menores con poca relación entre sí hasta llegar a la exposición en el tono mayor. Este ambiente oscuro y misterioso desaparece del todo para el resto de la sinfonía a partir de la exposición del primer movimiento, siendo una gran broma que desconcierta a los oyentes (llega a repetir una misma progresión en la introducción un semitono por encima partiendo de la misma cadencia, sin proceso modulante, un cromatismo típico de este compositor).

Las sonatas para piano de Beethoven también muestran la misma progresión del estilo compositivo, además de hacerse notar la influencia de Haydn durante todo el recorrido (incluso en las más tardías, se aprecia cómo Haydn marcó el estilo estructural de sus obras para piano y, en general, el enfoque analítico de la composición). Tanto las sonatas más tempranas como las del último periodo de Beethoven muestran un estilo propio con una forma clásica similar a Haydn. La personalidad enérgica de Beethoven sí que aparece progresivamente en sus sonatas, del mismo modo que lo hace en sus sinfonías, con una transición al Romanticismo marcada por una excesiva preocupación y carácter marcado por su angustia existencial. Además, los temas que presentaba Beethoven en sus obras eran simétricos, de construcción cuidadosa y elaborada, por tanto, muy similares a los de Haydn si bien el desarrollo motívico de los mismos era más innovador y expresivo.

El mismo Beethoven siguió influyendo a otros compositores, no sólo con el de sus últimas sonatas y sinfonías sino que también lo hizo con las primeras, de algún modo permitiendo que el Clasicismo de Haydn entrara por las ranuras del Romanticismo para desarrollar lo que sería más adelante el Romanticismo alemán. Los compositores que vieron en su estilo el nuevo Romanticismo fueron Reicha, Schubert, Schumann, Mendelssohn, Czerny y Ries.

Carl Czerny. / alchetron.com
Como alumnos suyos, Ferdinand Ries y Carl Czerny tuvieron información de primera mano sobre cómo afrontar la nueva música. Fueron ellos los que vivieron más de cerca la situación musical que orbitaba alrededor del genio y pronto encontraron la clave de la composición de Beethoven. Czerny continuaría componiendo y escribiendo obras para piano de diversas dificultades técnicas, mientras que Ries compuso ocho sinfonías, ocho conciertos para piano, un concierto para violín y muchos otros géneros instrumentales entre los que caben destacar sus veintiséis cuartetos de cuerda con un estilo claramente influido por Haydn y las obras tempranas de Beethoven.

Anton Reicha, conocido principalmente por ser un teórico francés de origen bohemio, también compuso con un estilo alemán del Clasicismo tardío. Fue un amigo de Beethoven durante toda su vida profesional y mantuvo contacto con él de manera ocasional. Además, también estudió con Johann Georg Albrechtsberger, el compañero de profesión de Haydn al que éste había enviado alumnos para que trabajaran con el contrapunto, además de recibir posteriormente consejos de Haydn. La influencia de Haydn es más que evidente ya que, a pesar de haber compuesto algunas óperas y operettas, música vocal que Haydn apenas trabajaba, su música instrumental –entre las que se cuentan veinticinco quintetos de viento (fue uno de los primeros en componer tan activamente para esta formación), cuartetos de cuerda, veinticuatro tríos para tres trompas y doce sinfonías,– tiene un característico timbre y orden propio de Haydn y de su estilo. Cabe destacar que Reicha escribió tratados como el Traité de haute composition musicale en el que expone ideas un tanto innovadoras para su época como utilizar cuartos de tono y, más significativamente, melodías populares y tradicionales, que en esa época apenas recibían atención pero que, sin embargo, Schubert y Schumann cultivarían más adelante de manera muy prolífica. Por esto, se puede comprobar como compositores que innovaron con nuevas formaciones y técnicas compositivas lo hacían siempre desde la perspectiva de Haydn y, por tanto, su influencia llega mucho más lejos de lo que habría parecido en un principio.

Schubert considera a Beethoven un grandísimo compositor y es su ídolo. Sin ir más lejos, su música la plantea desde un punto de vista romántico pero aplicando la forma y los métodos de Beethoven. Por ello, los lieder que compone Schubert son perfectamente inteligibles a partir de los acontecimientos de esa época y la nueva aproximación a estilos populares que buscaban. Además, la segunda sinfonía de Schubert utiliza como tema un material temático muy similar al que utilizó Ludwig van Beethoven en su obertura de Las criaturas de Prometeo, un ballet de estilo clásico muy próximo a Haydn. La continuidad en el estilo es un elemento indudablemente significativo en el Romanticismo temprano alemán y perdura hasta bien entrado el siglo XIX, donde el estilo musical de Haydn tiene sucesores en toda la música instrumental (la ópera alemana parte del singspiel de Mozart en su mayor parte y de compositores como Gluck, razón por la cual Wagner se desarrolla al mismo tiempo que Brahms pero sus estilos difieren significativamente). A Schumann hay que analizarlo del mismo modo para comprender que la percepción musical de Haydn ha perdurado incluso tras la muerte de Beethoven y que la música instrumental alemana en sí ha sido concebida a partir de Haydn.

A medida que avanza el Romanticismo, los rasgos propios de Haydn se van difuminando ya que aparecen tendencias nuevas, pero la columna vertebral de la sinfonía continúa ahí, además de los enfoques compositivos y recursos estilísticos que utilizan los compositores de música instrumental, cuya historia comienza o bien en Haydn o bien en Beethoven. Más adelante, especialmente con Richard Strauss, Mahler y el final del Romanticismo, el poema sinfónico habrá alcanzado su máximo esplendor y la ausencia de forma tan precisa como en la sinfonía marcará el final de la hegemonía estilístico-formal de Haydn y sus seguidores.

En conclusión, el estilo de Haydn tuvo una trascendencia muy elevada en la música instrumental de la segunda mitad del siglo XVIII y todo el siglo XIX, debido a su particular modo de entender la formas musicales y de la posibilidad de expresar las nuevas tendencias románticas a través de su estilo incluso más de cincuenta años después de su muerte. Además, su escuela de alumnos fue muy amplia y tuvo mucha repercusión en el panorama musical de la época, con varios de sus alumnos alcanzando una notable importancia en la música posterior, siendo uno de los más notables ejemplos el compositor alemán Ludwig van Beethoven. La versatilidad de su estilo consiguió adentrarse en todas las formaciones musicales y ser empleado como una herramienta para comprender la música, creando una tendencia de composición a nivel formal semejante a la invención de un alfabeto para varios idiomas: a pesar de los distintos lenguajes e intenciones expresadas, la base es la misma y se puede ver en la mayoría de los compositores de una manera muy clara.

Hace falta considerar a Haydn como algo más que un compositor: inauguró una nueva tendencia de composición instrumental que se mantendría paralela a las escuelas alemanas de composición operística, dando lugar a un estilo propio durante el Romanticismo alemán que diferenciaría a éste de los distintos nacionalismos rusos, checos, italianos y muchos otros. Es, de hecho, una concepción de la música que muchos compositores occidentales considerarían como la mejor manera de comprenderla, habiendo muchos teóricos (entre ellos, el conocido Anton Reicha) que elaborarían tratados y ensayos sobre cómo era su estilo y cómo ha influido en los compositores de aquella época, probablemente sin imaginarse cómo su estilo luego se vería reflejado, de algún modo, en una o dos generaciones más de compositores.
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