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| Samuel Barber. / Creative Commons |
En el panorama musical americano del siglo XX cabe destacar
la figura del compositor estadounidense Samuel Barber. Muchas de sus
composiciones alcanzaron éxito a nivel popular, sin dejar, por ello, de gustar
a los críticos musicales de su época; y escribió notables piezas para orquesta,
coro, piano, grupos de cámara e incluso tres óperas. Entre sus obras
orquestales se encuentran tres conocidas como los ensayos para orquesta. Los
dos primeros tienen un carácter predominantemente lírico, mientras que el
tercero se acerca más al dramatismo. Barber emplea en ellos una estructura
relativamente libre y condensa los elementos temáticos y motívicos en un
reducido tiempo (ninguna de estas tres piezas supera los doce minutos de
duración).
A pesar de que los otros dos también son muy recomendables
(así como su sinfonía en un movimiento), nos centraremos en el segundo ensayo
para orquesta. Terminado en 1942, algunos musicólogos e historiadores han
sugerido que la situación política y, en especial, la segunda guerra mundial,
pueden haber sido notables influencias en esta composición.
El comienzo del ensayo, con un solo de flauta es un tanto
nostálgico. Tiene un ritmo que marca sutilmente los intervalos ascendentes y
descendentes. De hecho, la composición empieza con una síncopa, y el tema en sí
parece derivado de la célula inicial. El uso constante de intervalos de quinta,
cuarta y sexta que se puede observar es muy característico: se puede observar
también en otros compositores estadounidenses de este período, quienes consiguen
utilizar saltos bastante grandes para temas muy melódicos de manera
equilibrada. Este recurso no es excesivamente frecuente y es poco común
encontrarlo en compositores de la mayoría de otras escuelas o estilos. El
clarinete bajo retoma el tema cuando acaba la flauta, y el corno inglés amplía
los motivos iniciales.
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| Primer tema, presentado por la flauta en el inicio de la obra. |
Tras la entrada del corno inglés, la textura comienza a ser
más polifónica. La cuerda comienza a desarrollar los motivos junto con el
viento madera y, por último, aparece el viento metal. Es aquí cuando la cuerda
presenta el siguiente tema, apoyándose en las trompetas con sordina y viento
madera, más dinámico aunque relacionado con el primero. Esto se puede ver en la
línea melódica, también lírica y en el carácter (muy similar al inicial). Como
veremos más adelante, la falta de contraste entre estos dos temas no impide el
desarrollo, ya que Barber buscará otros métodos para introducir estos contrastes
en la obra.
Al finalizar este
tema comienza un crescendo en forma de progresión acabando con un arpegio lento
descendente de las trompetas, seguidas de los trombones hasta una sonora nota
grave. Las trompas toman los motivos principales, dotándolos de más fuerza y un
ambiente más tenso. La idea de cierre detrás de este arpegio, así como la
construcción sobre notas descendentes, se mostrará varias veces durante la
obra.
Samuel Barber aprovecha esta situación para hacer una
progresión a partir del segundo tema con la cuerda y los trombones, culminando
en una fuerte atmósfera casi bélica gracias al uso rítmico de los timbales.
Sobre estos exponen las trompas el tema inicial de la flauta. Comienzan con
mucha tensión, pero un diminuendo muy marcado lleva a acabar el tema de manera
apacible. Es curioso comprobar cómo el compositor ha conseguido cambiar el
carácter tan rápidamente: parte de una sonoridad violenta y agitada y cuando finaliza
el tema las trompas suenan casi en la lejanía. En ese apacible escenario entran
el oboe y el clarinete, para ser interrumpidos de nuevo por los timbales, que
rápido desaparecen para dejar al viento madera volver a entrar. Esta vez lo
enlazan con la entrada del oboe, que presenta el segundo tema completo y el resto
del viento madera cierra esta corta sección con una repetición de motivos a
modo de cadencia. Barber vuelve a incluir los timbales justo entonces, pero
solamente como un recuerdo (carecen del vigor con el que se presentaban
anteriormente).
El compositor así ha cerrado la primera gran sección de su
obra, con el ambiente bélico siendo, como acabamos de ver, un mero recuerdo.
¿Pero termina esta atmósfera así? Para nada. Un fuerte, súbito e inesperado acorde
de la orquesta sorprende al oyente. Lo sigue una entrada escalonada del viento
madera en un tempo bastante más rápido, continuado por las trompetas con sordina.
Aquí aparece de nuevo el segundo tema con un carácter completamente distinto e
inestable. De aquí que, un poco más adelante, Barber decide utilizarlo en una
progresión mientras alterna fragmentos del mismo entre instrumentos diferentes.
Este ambiente inocente de textura ligera deriva de nuevo en algo que nos
recuerda a ese arpegio descendente de las trompetas que apareció antes, si bien
esta vez está adornado con más notas. En realidad, la función en este caso es
la misma aunque no termina del mismo modo.
La obra continúa con una serie de progresiones hasta que
entra la flauta con la melodía. Aunque está muy variado y ornamentado, se puede
observar que lo que está tocando la flauta es el primer tema. Justo cuando
termina, la cuerda cierra de nuevo con una variación del arpegio descendente
que se usó antes. Con un ahogamiento del compás, en el que dos subsecciones se
solapan parcialmente, el segundo tema hace su aparición. Lo acompañan unos
marcados timbales que contrastan con el carácter lírico de éste. La orquesta
está empleando todo su potencial sonoro para esta melodía, que se mantiene a
través de la breve cadencia. Sin perder la potencia, los trombones introducen
el primer tema en este tenso ambiente, seguido por las trompas y luego por las
trompetas que entran escalonadas antes de que la voz previa haya finalizado su
entrada (curiosamente, esto nos puede recordar a la entrada en estrecho de la
fuga). Se llega a una majestuosa textura homofónica que repite secciones a modo
de cadencia, con una importante reducción en el volumen sonoro hasta que sólo
queda la percusión.
Barber no acaba el desarrollo aquí. En este momento entra,
sobre este fondo de percusión, la cuerda. Lo hace de manera lírica, utilizando
el motivo que acaba de aparecer como cadencia, y nos recuerda este ambiente
nostálgico mediante un inteligente uso de acordes y motivos repetidos. Un lento
crescendo a través de muchos compases acentúa el carácter conmovedor hasta la
entrada de las trompas y trombones, que encuadran su sonoridad amplia y
majestuosa en esta nueva atmósfera. Sin que dejen de sonar estos motivos, las
trompetas enuncian el primer tema, esta vez bastante más lento, con notas
anchas y pesantes. Los ritmos chocan entre sí hacia una cadencia, con acordes
de la orquesta y plato suspendido.
¿Podría acabar aquí la pieza? En principio, sí. Pero Barber
no cierra esta obra tan rápidamente. Se descubren unas notas en unísono de la
cuerda aguda, suavemente, dejando una quinta al aire repitiéndose. Los acordes
siguientes ya cierran definitivamente la obra, dejando esas últimas notas
agudas como un recuerdo de los temas que se han sucedido hasta entonces.
Así termina una obra que, a pesar de su brevedad, tiene una
construcción compleja y cerrada, desarrollando satisfactoriamente muchos
motivos y contrastando todo tipo de emociones gracias a su carácter tan
cambiante.
Curiosidad
Samuel Barber participó en varias organizaciones que fomentaban la educación musical y la promoción de la música, llegando a ser presidente del Consejo Internacional de la Música (de la UNESCO).




