18 oct 2016

Publicado el 18 octubre por | 0 comentarios

Amazon estrena un servicio de música online

Amazon Music Unlimited, que así se llama este nuevo servicio, llegará a España en 2017


Complejo logístico de Amazon en España. / CC

La compañía estadounidense de comercio electrónico y servicios de computación en la nube, Amazon, anunció el lanzamiento oficial de "Amazon Music Unlimited", un servicio con más de dos millones de canciones y miles de listas de reproducción que ya está disponible en Estados Unidos y que llegará a España el año que viene.

Con este nuevo servicio, Amazon se sitúa en la primera linea de batalla para competir con los grandes de la música. Apple y Spotify. Además, este servicio ofrece ciertas ventajas de pago para los usuarios premium, al reducir los precios en casi un 20% al mes. El coste para los no afiliados se mantiene igual que en el resto de plataformas. 

Esta nueva utilidad llegará antes de fin de año a Reino Unido, Alemania y Austria. El resto de países, con España y México entre ellos, tendrán que esperar hasta el año que viene.
Leer más

14 oct 2016

Publicado el 14 octubre por | 0 comentarios

Un piano para Elche

Mi historia


Era la primera vez que salía de España. Un amigo me invitó a pasar el mes de agosto allí. Entonces yo no sabía adónde iba mi avión. Al cabo de unas horas, me había convertido en un joven ilicitano perdido en la capital de Rusia.

Y es que parecen palabras muy grandes. ¿Qué hacía yo en Moscú? Pues, simplemente, me atraía el hecho de poder conocer una sociedad tan diferente a la nuestra, aunque más tarde me tuve que tragar mis palabras. Aquel país sí que era diferente en una cosa: la cultura.

Se me hacía raro escuchar constantemente preludios de Chopin o concertos de Vivaldi allá adonde iba en Moscú. Yo, como recientemente me había graduado en música por el Conservatorio Profesional de Música de Elche, me empecé a interesar por aquel fenómeno que nunca había presenciado ni siquiera en el Parque Municipal de mi ciudad. Era tal el surrealismo que estaba viviendo que hasta creí estar soñando cuando oía a los jóvenes rusos (no más de 17 años) ir caminando por las calles escuchando el Invierno de Vivaldi en sus iPhones 6. Aunque no todo eran alabanzas hacia los compositores foráneos. Todos los días que iba a la gran fuente central del Parque Gorky no faltaba que pusiesen alguna obra maestra de Tchaikovsky, ProkofievRimski-Kórsakov y otros compositores propios de su patria. Aquello me fascinaba a la vez que me daba nauseas. ¿Cómo podía sentirme al darme cuenta que hasta en los parques de allí se podía respirar un nivel cultural que en los ilicitanos (y españoles) nunca había visto? Ya empezaba a mosquearme, pues creía que todo aquello era sólo un paripé para impresionar a los extranjeros. Quizás querían que pensásemos que, a pesar de lo mal que hablan los medios occidentales sobre Rusia, este país era superior a nosotros incluso en la cultura. No sé, no sé... Como no me fiaba, comencé a investigar.

Mapa del metro de Moscú (Sokolniki, arriba en la línea roja).
Pasaron los días y me percaté de algo que me sorprendió aún más. Aparte de la explotación de la música clásica ya mencionada, comencé a oír canciones de los años 80 en las tiendas y en las radios de los taxis. Me pareció, a lo que menos, estremecedor. ¿Tan atrasados estaban? Días después me explicaron que aquello era norma porque se perdieron esa época debido a la Guerra Fría. Fue así cómo di con unas personas que habían estudiado en el Conservatorio de Moscú. Esas personas me contaron que lo de escuchar música clásica era normal en su país. También me aconsejaron que, si era músico o compositor, me dirigiese a Sokolniki, un parque situado al norte de Moscú. Tenía que coger la línea 1 del metro, la de color rojo (la más antigua). Hice lo que me sugirieron y me puse en camino.

Ya en el metro me preguntaba qué clase de parque me iba a encontrar. En mi cabeza me venía a la mente lo típico: un parque en el que se reúnen músicos de la calle con sus instrumentos y se ponen a tocar libremente. Claro, eso ya lo había visto tanto en Elche como en otras ciudades españolas. Nada iba a cambiar si esos músicos callejeros se mudaban de la calle al parque. El continente era el mismo. Ahora bien, cuando llegué a Sokolniki, el contenido resultó que era muy distinto a lo que me esperaba...

Cenador con uno de los pianos del parque Sokolniki (Moscú).
Dos pianos verticales. Dos pianos situados cada uno en dos pérgolas diferentes, una alejada de la otra, como a unos doscientos metros. La primera estaba situada al lado de un plantario y un observatorio para ver las estrellas (abierto al público) y el segundo estaba localizado cerca de la hermosa fuente central, donde se reunía la gente para descansar y disfrutar del aire puro, los puestos de perritos calientes (y para mi sorpresa, también había de churros con chocolate) y poder escuchar la música pianística que salía de los muchos altavoces que había repartidos por todo el lugar. Pregunté a uno de los seguratas qué tenía que hacer para poder tocar alguno de aquellos dos instrumentos, y lo que me respondió me dejó de piedra: "¡Es gratis!"

Dos pianos libres para que todo aquel que quisiese expresar sus sentimientos y emociones pudiese hacerlo de forma gratuita y, además, con público incluido. Pues no pasé horas y horas allí sentado en uno de esos pianos. Y día tras día regresaba a Sokolniki para hacer lo mismo. Así fui conociendo a otros músicos y compositores que se acercaban por allí atraídos por la música. Unos eran aficionados, otros más profesionales, pero todos coincidían en una misma cosa: el amor por la música. Pregunté a varios de ellos si esos pianos los retiraban cuando llegaba el invierno y me respondieron que siempre permanecían allí. Lloviese o nevase (los cenadores estaban techados), aquellos pianos no se movían del sitio. Durante los 365 días del año, cualquier visitante podía utilizarlos para tocar lo que gustase. Me enamoré de aquel lugar. Por fin había encontrado el sitio perfecto para músicos y compositores y, junto a mi fascinación, comencé a comprender el alto nivel cultural y musical que tenía la sociedad rusa.

Dejando de lado el plano musical, he de decir que me asombró también ver el respeto y el cuidado con que la gente trataba aquellos instrumentos públicos. Un día estaba lloviendo y vi que un joven se acercaba al piano con su bici, sacaba un trapo de su mochila y comenzaba a secar la parte superior del instrumento. Ese sólo fue un caso de los muchos gestos de educación que observé, aunque lo que realmente admiré fue el respeto que tienen los rusos hacia los bienes comprados con dinero público. Ninguno de aquellos pianos había sufrido algún acto de bandalismo, aun sabiendo que estaban allí durante todo el año. Pensé que sería debido a que los cambiaban cada año pero, al sentir el tacto de aquellas teclas y el sonido envolvente y "usado" que tenían, me di cuente de que el único mantenimiento que recibían era una puesta de afinación cada seis meses aproximadamente. A todo esto, tampoco recuerdo ver ningún pintada en ningún muro, farola o cajero automático. Pero bueno, esa es otra historia.

Mis motivos


Mi fascinación por aquel sitio era evidente. El final de mis vacaciones en Rusia se iba acercando y, con él, mis pesadillas de no volver a pisar un lugar como Sokolniki cuando regresara a España. Sí, es cierto, sé que en Madrid cada año se organizan las jornadas "Madrid se llena de pianos", una iniciativa que unas veces dura una semana y otras menos (este año parece que un día) y que consiste básicamente en la instalación de pianos de cola en las calles de Madrid para que viandantes aficionados y profesionales puedan interpretar su música al aire libre durante un determinado periodo de tiempo. Esta es otra de las cosas que no consigo comprender acerca del postureo español. No por tocar un piano de cola se es mejor músico. Lo único que se hace es mostrar el despilfarro que ello conlleva, ocasionando un efecto contraproducente a demostrar que España es un país de cultura. Más bien se demuestra que nuestro país tortura y presiona al músico pobre, al generar en los jóvenes actitudes tales como "yo no me hago pianista porque es cosa de ricos". Recordemos que en Sokolniki sólo hay dos pianos verticales (de marca rusa, por cierto).

Cuando regresé a mi ciudad natal, Elche y me di uno paseo por el centro intentando encontrar alguna similitud con aquel maravilloso lugar de Moscú, fue cuando comencé a hacerme preguntas. ¿Era mi ciudad menos apropiada que Moscú para albergar un piano en un lugar público para que sus ciudadanos lo pudiesen tañer libremente?

Si nos detenemos un momento y recopilamos el patrimonio musical que tenemos en nuestra ciudad, los artistas y obras que podemos encontrar son admirables. Para empezar, no hay que olvidar que nuestras palmeras han adoptado las notas de nuestro mayor exponente musical, Alfredo Javaloyes López, a quien le tenemos que agradecer nuestro himno a Elche. Pero eso no es suficiente, de no ser por Alfredo, muchos ilicitanos se hubiesen quedado con las ganas de escuchar nuestro Misteri d'Elx, pues fue él quien compuso "El Abanico" que nos introduce cada año, durante la segunda semana de agosto (y en octubre los años pares), las representaciones de nuestro Drama Asuncionista. Obviamente, también hay que mencionar el esfuerzo y empeño que ponen los profesores de la Escolanía del Misteri, quienes estoy seguro de que en cada ensayo emplean un instrumento como el que vi en aquel parque de Moscú. Además, el Consueta del Misteri d'Elx (obra que inspiró y "enternarizó" a nuestro artista ilicitano, Sixto Marco) y el Himno de la Venida de la Virgen son piezas musicales que fueron compuestas, seguramente, con la ayuda de algún instrumento de tecla de aquellos remotos tiempos, predecesor a nuestro evolucionado pianoforte. Tampoco tenemos que olvidar a músicos ejemplares que nacieron en Elche, como es el caso de Fernando Acuña, y ya más actuales como el organista por excelencia de nuestra Basílica de Santa María, quien nos prepara cada año las "Salves" después de cada Festa, Ildefonso Cañizares. También el humilde teclista Robert Ramírez, que se nos internacionalizó con aquel "Sick of Love" en el verano de 2010, el actual teclista de la banda ilicitana "Love me Back", Ginés Cecilia, y cómo olvidar a nuestro pequeño Mozart, Francisco José García, quien debutaba con el piano en las salas de concierto cuando tenía tan sólo 13 años. Y aunque he intentado mencionar los más destacados, sé que todavía me dejo cientos de músicos y compositores ilicitanos en el tintero que se merecen, por lo menos, un mínimo reconocimiento con un gesto musical en su ciudad de origen.


Mi propuesta


Sabiendo todo esto y viniendo de un conservatorio ilicitano, mi pregunta es: ¿Cómo es posible que una ciudad tan musical como la nuestra todavía no cuente con un piano abierto al público para que puedan tocarlo sus ciudadanos? ¿Es que no podemos ser una ciudad modelo a seguir tanto en el ámbito musical como en el social y cultural?

Pérgola o cenador del Parque Municipal de Elche, lugar que propongo para la instalación del piano público.

Dado que me dais la oportunidad de proponer alguna cosa para mi ciudad a través de vuestra iniciativa #elcheciutatmodel, mi propuesta es la siguiente: colocar un piano vertical (que no de cola) en el cenador del Parque Municipal. Claro, decir las cosas así, a la ligera, es muy fácil, porque nos remontamos al mismo problema de siempre: la propuesta más idónea y el lugar más idóneo no es el que decida yo o el que decida el Ayuntamiento de Elche, sino el que decida nuestra sociedad y el respeto que tenga hacia su patrimonio local, ese que se paga con nuestro sudor y lágrimas y que acaba como el busto de la Dama de Elche que hay en la Glorieta o las flores que solían decorar el puente de Altamira. 

Enrique Girona
Leer más

30 sept 2016

Publicado el 30 septiembre por | 0 comentarios

Grieg: Concierto para piano

Edvard Grieg es, sin duda, una de las 'rarezas ' del Romanticismo europeo. En un escenario dividido entre los centroeuropeos, iniciadores del movimiento, y los rusos, reaccionarios hartos de la predominancia 'occidental' en la música, aparece un compositor noruego, empeñado en trabajar en la zona escandinava,

Si bien hoy es conocido principalmente por los fragmentos de su suite 'Peer Gynt' ('La mañana' y 'En la cueva del rey de la montaña'), hasta el punto de que forman parte de la cultura popular, en su época Grieg fue bastante reconocido, hasta el punto de convertirse en una celebridad allí donde hacía gira. Su imprompta en la historia de la música es innegable, hasta el punto que incluso Rachmaninoff, a dos aguas entre Romanticismo y Modernismo, coge elementos de él.

Precisamente nos ocupa una obra en la que se reconocen muchos rasgos que luego tomará el ruso: el único concierto para piano de Edvard Grieg es una obra para orquesta y solista compuesta por encargo en 1868, cuando el música contaba sólo veinticinco años.

Antes de pasar al análisis de la propia obra, nótese que a pesar de que la obra sigue estrechamente el esquema y estilo romántico, ofrece algunos efectos que no eran comunes para la época.

Primer movimiento: Un redoble de timbal da paso a la emotiva introducción del piano, muy romántica. Justo a continuación entra la banda, con unos compases que anticipan el primer tema, el principal de este movimiento, lo que a continuación repetirá el piano. Este es un tema curiosamente eslavo, con una sonoridad muy rusa, y muy elegante a pesar de ser comedido (luego se le dará más fiereza.)

Entra la primera cadencia del piano, escrita sobre las notas de este tema, jugetona y brillante. La orquesta la resalta. Una escala da paso a un segundo tema, en el que ya se nota algunos rasgos que heredará Rach. Esta melodía, muy preciosa e íntima, es de nuevo enunciada por la orquesta y repetida por el piano. La repetición es un recurso que Grieg utiliza constantemente en este concierto, si bien consigue que no suene ordinario, sino que potencie el efecto con cada cita a los temas.

Se inicia apenas a los cuatro minutos del movimiento una cadencia muy impresionante y apasionada de todos los instrumentos, que seguirá con la reexposición del primer tema (¿repetición?). La flauta y la trompa primeras (junto a todas las demás luego), hacen avanzar esta cita junto al piano. Aquí como se ha dicho, se potencia el efecto que dejara la primera enunciación de este tema. Se sigue la reexpoisición con pequeñas variaciones sobre los temas ya conocidos.

En cuanto el piano termina la enunciación, la orquesta entra con un eco dramático a esta ...y entonces, curiosamente, entra una profunda e imponente cadencia del piano. La melodía desciende hasta una nota desde la que el pianista asciende por el teclado enunciado la parte introductoria al primer tema, de forma potente, arcaica incluso. A nivel técnico no es probablemente muy exigente; a nivel expresivo, demanda mucha precisión, lo que le da el valor virtuosístico.

Esta cadencia acaba en un pasaje con varios trinos. Entra la orquesta, intrigantemente. Atención, esto proviene todo del mismo tema. Se inicia en esta la cadencia final del movimiento, que el piano corta repetiendo la introducción de forma potente y conclusiva.

Segundo movimiento: Un dulce y gentil tañido de los violines dan paso a un movimiento puramente romántico, en el más afectado y delicado de los sentidos.

El segundo movimiento tal vez palidezca en comparación con los externos; sin embargo, es un paso necesario que Grieg resuelve con una música muy profunda, tanto que no resulta llamativo si no es cuidadosamente escuchada.
...un tema reminiscente de los corales eclesiásticos inicia este movimiento. Una resolución igualmente religiosa se pierde en la inmediata entrada de los vientos-metal, sobre el minuto 16, en una descendencia que parece romper esa paz, aunque Grieg lo disimula realmente bien con un sonido suave. Entra el piano.

Un tema que recuerda a las Variaciones sobre un tema de Paganini (aunque irónicamente las predate), suena limpio y elegante en las teclas. Que prontamente asciende de forma emotiva...y se relaja para dar paso a la orquesta 'cristiana'. Nótese que orquesta y piano hablan consecutivamente, siempre subordinándose cuando habla el otro. Se repite esto, pero ahora toma más fuerza la orquesta, y el piano puede coger arpegios desde sus sonidos más profundos. Este es un fragmento que requiere un sonido muy preciso para crear la tensión que, consecutivamente, rompen orquesta y piano con una nota: un sol sostenido.

Empieza el fragmento que ha de lucir a este movimiento; una música muy segura, afectada pero con algo de primitivo y que recuerda a los húmedos paisajes noruegos más que a la rusia que evocaba el primer movimiento. Este fragmento termina de forma muy dulce, una cadencia en la que se puede ver un preludio a las bandas sonoras de cine. Pero esto es romanticismo: entra inesperadamente un fragmento de lo que se enunciaba al principio del movimiento, (alrededor del minuto 20:30), una especie de 'colina' del sonido que busca, aparentemente, romper las expectativas de una resulción sencilla como parecía anticiparse.

Y sin darnos cuenta, termina con un lento arpegio del piano el segundo movimiento.

Tercer movimiento: El más dinámico y reconocible de los movimientos. Un inicio 'falso' (por ser más débil que lo que sigue) en la orquesta, prepara la irrupción del piano, imponente y feroz, que empieza a dictar el primer tema. Este se repetirá varias veces.

Un tema de marcha, algo oriental (aunque definitivamente alude a la patria del autor), se desarrolla sin descanso entre solista y tutti (orquesta). El piano lleva siempre la voz cantante: marca cuándo acaba este tema, cuando descansa, y cuando empieza una escala ascendente hasta el estallido de sonido que, por supuesto, interrumpe el piano para su cadencia. El piano canta con un ligero apoyo de la orquesta; esta es una de las partes más virtuosísticas del movimiento. 

El primer tema se cierra impetuosamente...y de repente, una flauta nos recita, de forma muy poética el segundo tema, el tema principal de este movimiento. Se puede considerar que el tercer movimiento sigue una especie de forma sonata o scherzo libres, haciendo referencias constantes a dos temas pero sin seguir un esquema rígido. En cuanto a la música de este bello segundo tema, la orquesta lo aprovecha para darle forma, y para que el piano lo tome también. Es la melodía más noruega del concierto, algo que difícilmente se escucharía si fuera otra mano la escribiente. Es la más dulce, también.

Orquesta y piano juegan con el segundo tema durante unos instantes relajados; de esa forma, este tema termina, como el anterior, conclusiva y suavemente. Los timbales ayudan a que vuelva a entrar, en el piano, el primer tema, con poca diferencia respecto a la primera enunciación. Ello no significa que se ejecute con menos fiereza, no obstante. Esta vez se destaca más la 'segunda parte' del tema. Un ascensión en forma de arpegios, muy del estilo que luego adoptaría Rachmaninoff, llega al punto agudo de la melodía, desde donde subirá un poco más para enunciar dramáticamente el tema. Sin embargo, el piano desciende...

...y un acorde, súbito y poderoso de la orquesta, da pie a la última cadencia del piano (minuto 30), jugetona y alegre, a la par que endiabla, que le permite ejecutar una vez más este primer tema, ahora en forma de juego, jugando con cadencias típicamente románticas, síncopas rusas, y una bajada all estilo de un arpa en el solista que lleva a, otra vez, el segundo tema.

¿Se echaba de menos, verdad? Vuelve a sonar el segundo tema, de forma impresionante, tremenda, efectista, emotiva, que ha de dejar en el recuerdo este concierto. El piano no se queda atrás sin embargo. Entra de forma pesada e imponente el tema para terminar en unos fuertes e impresionantes tres acordes que finalizan grandiosamente este único concierto para piano de Grieg.



A rasgos generales, si bien el Concierto de Grieg resulta bastante emotivo y, en definitiva, agradable de escuchar (no es una de las obras más conocidas de su autor en vano), es en el análisis profundo cuando se descubre su verdadero potencial. No es una obra fácil de entender a primera vista, lo que tal vez explique que no resulte muy llamativo en una primera escucha, pareciendo el típico concierto romántico (no muy difícil para el solista, además). Sin embargo, en el fondo de este se encuentran enterradas decisiones estilísticas y recursos que lo hacen desmarcarse de la obra que hiciera cualquiera. Por ello Grieg ha pasado a la historia de la música.

Precisamente, ese es el motivo por el que he escogido la interpretación que tienen más arriba. No sólo se vislumbra el gran entendimiento del solista y orquesta de la obra, sino que supone un esfuerzo para el pianista, Arthur Rubinstein (uno de los más reconocidos solistas del s. XX), tocar tan precisamente y con tanta fuerza; aunque tal vez estar tan familiarizado con la obra fue lo que le llevó a elegirla para interpretarla en su noventa cumpleaños, interpretación que es la que adjunto.


Fuente:

http://www.allmusic.com/artist/edvard-grieg-mn0000198512/biography


Leer más

16 ago 2016

Publicado el 16 agosto por | 0 comentarios

Cómo explicar obras de arte a Mari Sancha o Sanchica…

…de madrugada, en el paseo con Dafne, al amparo de la luna; el encuentro casual o causal con dignas dulcineas, insomnes damiselas despistadas, desencadena de inmediato un proceso – inoportuno y equidistante-, que neutraliza los contenidos y su materia, en beneficio de la seducción rutinaria. No trascurre ni un solo minuto en libertad, - liquidada la conciencia inicial de clase-, se fraterniza al instante, tomando como base conceptual: el barrio. O, en su caso: sentimientos compartidos o dónde la realidad se copia a sí misma. Ante un “estoy muy estresada, duermo fatal”; calma, nada de excesos, nada de desbordamientos o de tensión, sabemos que el cerebro siempre trabaja con aquello que percibe de la propia secuencia, desde el conocimiento innato, de este modo, nada puede llevar el momento y su fugacidad, al abandono y la desmotivación. Recomendable es: esperar, con sosiego; puesto que en las siguientes lunas, entre confesiones y picantes anécdotas, emerge el tamiz subcultural y contracultural: la universal, perenne e insaciable afición humana de acumular objetos domésticos y extradomésticos, ejemplares propios y de olvido intencionado, pensamientos clásicos y de sobrecillo de azúcar; o, incluso, relaciones interpersonales, mención especial para aquellas historias que en su comienzo, atesoran algún tipo de rareza, que nos atrapa y nos hace querer saber más. El canadiense, Robertson Davies, escribió el ensayo “El Coleccionista de Libros”, en 1962, publicado en la revista Holiday, un esbozo de una acertada tipología –que resulta casi una patología-. En definitiva, vivencias tristes, envueltas en el recuerdo de lo que ya ha pasado (y no tiene remedio), sin poder acertar a comprender ni el presente (aquello sobre lo que se puede actuar), ni el futuro (aquello que se puede modificar).

Instalados en el campamento base, de esta malintencionada crisis; rodeados de teléfonos más inteligentes que nosotros mismos, tabletas, computadoras, y, sin tiempo para mirar la luna o escuchar a Beethoven. Una crisis prefabricada que, por lo que parece, ha venido para quedarse, y no ha conseguido modificar nuestros deseos de bienestar y de distracción; evidente, entretanto, se multiplican las catástrofes ecológicas, sin engendrar ningún sentimiento trágico de fin de mundo; seguimos practicando Yoga, Hipnotismo, Danza Contemporánea, Tai Chi, Gestaltterapia o Meditación Trascendental –porque nada en la realidad es excesivamente trascendente-. Nos ofrecen (y ofrecemos) el cebo del deseo y, a suvez, la barrera de la represión (las famosas líneas rojas tan denostadas en la actualidad), causando una provocación que se refleja en una irresistible tendencia a la reconquista del YO, -¿bajo qué árbol, cerca de qué puente, nos ponemos a salvo del resto del mundo?-. En estos días tan aparentes, cada individuo debe decirlo todo, debe liberarse de los sistemas de contención, de los sistemas de defensa anónimos que puedan obstaculizar su huida maltrazada hacia sí mismo. Cada individuo, debe personalizar su deseo por asociaciones libres y, más en la actualidad, por lo no-verbal, el grito, la violencia, la intolerancia y el sentimiento animal. Al mismo tiempo, la liturgia de los espacios públicos se vacía de emociones, por defecto en algunos casos y por exceso de informaciones en otros, exceso de reclamos y extrañas animaciones; turbadoras experiencias para la mente; en fin, la gran abstracción.


“Iba caminando por un camino con dos amigos. El sol estaba poniéndose. De repente el cielo se volvió rojo sangre. Hice una pausa, sintiéndome exhausto, y me apoyé en la cerca. Había sangre y lenguas de fuego sobre los fiordos negro azulados y la ciudad. Mis amigos siguieron caminando y yo me quedé ahí, temblando de ansiedad, y sentí un grito enorme, infinito, pasando a través de la Naturaleza”. Así expresó Edward Munch: El Grito; de manera semejante refleja ese proceso de tensión continua, sin momentos de reposo “Pierrot Lunaire”, obra de Arnold Schönberg. La brecha sigue proyectándose hacia el abismo, la herida no cicatriza; una falla avanza sin remisión posible entre la experiencia vivida y el conocimiento universal, entre el oráculo y el juego, entre los sagrado y lo lúdico, entre el animal que juega y el animal que conoce.

Cuando revisando la dialéctica del Todo y la Nada, -con Dafne, al amparo de la Luna-, desembarcamos en enigmáticos cinturones de urbes de casas vacía –mientras pensamos en ciudadanos sin techo y tal vez, sin urbe-, espacios en los que es imposible reconocer iconos o señales que sobrepasen al constructor corrupto o corrrompido por terceros –ni mitos, ni leyendas, ni monumentos, ni límites naturales, ni siquiera un Einstein de gomaespuma o un Darwin de carámica tailandesa-. El mapa es desolador: se manifiesta una representación imaginaria del Yo, con sus condiciones y condicionantes irreales de inexistencia. En “Cómo explicar las obras de arte a una liebre muerta”, Joseph Beuys, convertido en escultura viviente, -con la cabeza cubierta de miel y pan de oro-, se sienta en un rincón de la Galería, en donde explica a la liebres que tiene en su regazo, como si fuera un niño, el significado de sus propios cuadros. Previamente se ha paseado por la Galería, enseñándole sus dibujos y dejando incluso que los tocara con sus patitas. Para Beuys, los animales son tan inteligentes como el ser humano, y hay que aprovechar las fuerzas de algunos, para contribuir al desarrollo político y social del mundo. En esta conmovedora obra, Beuys, defiende que prefiere explicar sus obras a una liebre muerta “porque realmente no me gusta explicárselas a la gente”, decía, y puesto que, “incluso una liebre muerta tiene más sensibilidad y comprensión instintiva que algunos hombres con su testaruda racionalidad”. Me viene a la mente en este instante, la “Historia de los Animales”, de Aristóteles; primer tratado conocido sobre el mundo natural. Sabido es: hay monstruos posibles y monstruos imposibles.

“Yo, recién levantada, soy como un huevo duro. No tengo cejas, no tengo ángulos, soy un rostro plano. Me tengo casi que dibujar la cara cada día para vérmela. Y eso no es lo que yo siento que soy, ni lo que quiero ser”, dijo Alaska, en una entrevista a El País, citando una frase del ambiguo cantante Boy George, -que le pareció sublime-. Sigue diciendo Alaska en la misma entrevista: “Todo ese debate entre la belleza natural y la artificial es falso. Desde el momento en que te depilas, o te maquillas, ya no eres natural. Porque además, cada uno tiene una idea de la Belleza. A mí, hay supermodelos que me parecen horrorosas. En el fondo, soy como una transexual sin problemas de identidad de género. He ido reconstruyéndome para parecerme a lo que quiero ser”. Vemos que no existen respuestas ideales; queda la gratificación de ver el uso propio de la Belleza, esparcida en los vácuos cinturones urbanos. Cada “customización”, cada obra individual –subjetiva y arbitraria-, tiene su sitio. ¿Su percepción?... se basaría siempre en realidades simultáneas, no en posiciones a favor o en contra; pensamiento expresado y defendido por Lawrence Weiner, artista neoyorquino, impulsor del Conceptualismo en los años sesenta y conocido por el uso de frases crípticas, escritas en todo tipo de soportes, también en los museos y en los espacios públicos.

...y mientras deshago los pasos andados, me recreó en un pensamiento más: Tristán e Isolda, Lancelot y Ginebra o Fernando y Miranda; aislados de todo aquello que era superfluo en las relaciones humanas, sólo querían compartir hermosas horas de juego frente al tablero de ajedrez; ¿O no era el juego lo que les llevaba a pasar juntos porciones de la Eternidad?...
...”A Sanchica, tu hija,
 se le fueron las aguas sin sentirlo, de puro contento”...
   


Leer más

18 jun 2016

Publicado el 18 junio por | 0 comentarios

I Muestra de la Escuela de Artes de Elche

Los alumnos de la Escuela de Artes de Elche demostrarán todo lo que han aprendido durante el curso el próximo sábado 25 de junio en l'Escorxador Centre de Cultura d'Elx

La Escuela de Artes de Elche presenta su primer muestra el próximo sábado 25 de junio en en l'Escorxador de Elche, antiguo matadero municipal. En este evento, los alumnos de dicha escuela demostrarán todo lo que han aprendido durante el curso. Además, también se presentarán otros espectáculos ajenos a la escuela, como el show de Palm Street Quartet.

Dado el alto número de personas que desean asistir, la muestra se dividirá en dos sesiones, por lo que habrá dos pases: uno a las 18:00 y otro a las 20:00. El precio de cada entrada es de 3€ y se pueden comprar directamente en la taquilla del Gran Teatro o por Internet a través de esta web. La organización de la muestra corre a cargo de la misma Escuela de Artes.
Leer más