A pesar de ser muy difícil de definir, la mayoría de la
gente distingue entre lo que considera arte y lo que no considera arte. Esto es
algo bastante subjetivo. De hecho, hay gente que considera que “el arte por el
arte” es un concepto erróneo, ya que el arte siempre debería transmitir algo o
tener alguna intención. Esta gente no consideraría el arte abstracto definible
como arte. Algunos llegan al extremo de ver así cualquier arte experimental. Por
otro lado, hay gente que acoge el plano conceptual o la mera existencia de algo
como arte, que abarcaría casi cualquier objeto.
Pues bien, una de los más importantes atributos del arte es
la existencia de un receptor que quiera apreciarlo. Es aquí donde el arte
conceptual, aquél cuya mayor carga artística no es perceptible por los
sentidos, empieza a suponer un problema. Pongamos un ejemplo: Vertical Earth Kilometer de Walter de
Maria. Esta obra consiste en una barra de latón de un kilómetro de longitud
insertada en el suelo de una plaza alemana (Friedrichsplatz, Kassel).
Únicamente se puede ver un pequeño círculo de unos pocos centímetros de
diámetro, ya que el resto está bajo tierra. El valor artístico de esta obra se
basa, pues, en algo simbólico y no inmediatamente demostrable (no tiene por qué
haber nada bajo ese círculo). Nos encontramos ante esta paradoja en la que no
parece correcto clasificar algo inobservable como arte, a pesar de que decir
que el concepto en sí no es arte tampoco resulta apropiado.
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| Vertical Earth Kilometer. / Daniel Lobo |
Esto también ocurre en la música, con la polémica obra 4’33” de John Cage (compuesta en 1952),
que ha creado más de una discusión entre músicos. Se trata de una obra en la
que ningún instrumento toca durante cuatro minutos y treinta y tres segundos.
El autor respalda el valor artístico de su obra en su profundidad filosófica,
igual que aquellos que lo consideran arte. Otros músicos que lo apoyan resaltan
cómo permite oír el ruido del público. En cambio, hay un gran número de
personas que no lo consideran música por el simple hecho de que no hay sonidos.
Hay un aspecto muy claro de esta obra, y es que reabre el debate de aquello que
es arte y aquello que no lo es. Por tanto, si bien esta obra puede no ser
considerada música, probablemente sea, a pesar de ello, arte.
Por si fuera poco confuso, se puede encontrar una obra de
Alphonse Allais compuesta 55 años antes, Marchefunébre composée pour les funérailles d’un grand homme sourd (marcha
fúnebre compuesta para el funeral de un gran hombre sordo). Se trata de 24
compases con silencios, y el resultado es idéntico al de John Cage, más de
medio siglo después, aunque esta obra tiene una intención totalmente
humorística. ¿Entonces, es esta obra arte? Si lo fuera, es evidente que el
carácter jovial de esta nada tiene que ver con la que aspira a ser una profunda
reflexión filosófica. ¿Pero no es absurdo clasificar dos obras idénticas en dos
estilos tan distintos? Esta pregunta es un tanto más difícil. Y es básicamente
por lo que comentamos al principio: el arte necesita un receptor. Si el
receptor está abierto a interpretarlo de una manera, es inevitable que se pueda
manifestar así y no de modo completamente distinto, incluso si solo depende del
contexto o de su título.
En una obra para piano de 1919 de Erwin Schulhoff, Fünf Pittoresken, uno de los
movimientos, conocido como “In futurum” también es básicamente silencio. Pero
en este caso, Schulhoff no se limita a dejar compases de espera, sino que utiliza
ritmos muy variados para los silencios, que aunque no tienen ningún efecto para
el oyente, en cierto modo existen como concepto.
Situaciones de este estilo aparecen, en mayor o menor
medida, en todas las artes, y especialmente cuando se entra en el terreno del
arte conceptual. En todo caso hay que tener en cuenta que quien juzga el
resultado final como arte es únicamente el receptor y de él depende que la obra
en su totalidad tenga algún sentido o no. De ahí a considerar el silencio como música
o un lienzo en blanco como pintura hay un largo camino. Hay que limitarse a
apreciarlo, o no hacerlo, como el arte etéreo que es.

¡Interesante!
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