El número de espectadores sus centros aumentó en más de 18.000 personas respecto a 2014 y el millón de asistentes durante 2015
Teatro de la Zarzuela, Madrid. / CC
Los espectáculos programados por los centros de creación del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte consiguieron convocar durante el año 2015 a un total de 704.658 espectadores, lo que supone un incremento de 18.680 asistentes, respecto al mismo periodo de 2014.
En cuanto al porcentaje de ocupación alcanzado durante el pasado año en los citados centros del INAEM, éste aumentó del 79,65% al 85,45% del aforo ocupado en 2015, lo que supone un incremento de 5,8 puntos porcentuales.
El Teatro de la Zarzuela, el Centro Dramático Nacional, la Compañía Nacional de Teatro Clásico y la Compañía Nacional de Danza fueron algunos de los centros de creación del INAEM que consiguieron incrementar sus cifras de ocupación respecto a 2014.
En 2015, los centros de creación del INAEM lograron aumentar la programación de nuevos espectáculos en más de un 11% respecto al periodo anterior. Así, de los 172 estrenos de 2014, se pasó a 191 durante 2015. De igual forma, el número de funciones o conciertos programados en sus espacios se mantuvo estable, pasando de los 1.524 de 2014 a los 1.518 de este último periodo.
La música, líder en audiencia
En cuanto a la música, ésta consolida su progresión de 2014, alcanzando niveles de ocupación en torno al 80% en todas las unidades. Destaca el alza cosechada por la JONDE, que aumenta sus ya elevadas cifras de ocupación de 2014 –del 88,79%– hasta alcanzar un 90,75% en 2015, en un total de 20 conciertos celebrados tras los 5 encuentros organizados este pasado año y en el que participaron 177 jóvenes instrumentistas.
Mayor es el incremento del Teatro de la Zarzuela, que aumenta su ocupación en seis puntos porcentuales respecto a 2014, pasando del 72% al 78% en 2015, año en que ofreció un total de 98 funciones y 25 estrenos, destacando entre sus espectáculos los aplaudidos montajes de "Galanteos en Venecia", "Lady, be good!", "Luna de miel en El Cairo" o "La gran duquesa de Gerolstein".
El Auditorio Nacional de Música, por su parte, sumó 375.363 espectadores en sus 263 funciones a lo largo de 2015, lo que supuso un porcentaje de ocupación del 79%. Además, el Museo Nacional del Teatro de Almagro atrajo a sus exposiciones a un total de 28.070 visitantes durante el año 2015.
En el siglo XIX, la música rusa sufría una importante transformación. Ante los estilos cada vez más similares a los germánicos entre compositores como Tchaikovsky o Rubinstein, un grupo de cinco compositores se formó para crear un estilo propio y nacional que influiría posteriormente en todo el desarrollo de la música rusa. Se trata del grupo de los Cinco (Могучая кучка), entre los que se encontraban Rimsky-Korsakov, Balakirev, Cui, Mussorgsky y, en quien nos centramos hoy, Aleksandr Borodin.
Químico de profesión (y descubridor de la importante reacción aldol), el volumen de obras de Borodin es más reducido que el de muchos coetáneos, pero su importancia en el panorama musical, especialmente el sinfónico, es indiscutible. Se podría decir que su segunda sinfonía, en si menor, fue la que marcó cómo sería el estilo sinfónico de los compositores rusos, basándose en motivos y en el uso de armonías con orientalismos o referencias a música tradicional eslava, rasgos poco convencionales hasta ese momento. También destaca el posicionamiento casi exclusivo del scherzo como segundo movimiento y el movimiento lento como el tercero. La influencia de este estilo se puede ver de manera directa en las sinfonías de Balakirev, Lyapunov, Glazunov y muchos otros. Indirectamente se refleja hasta en compositores de mediados del siglo XX.
Borodin estuvo pensando en su tercera sinfonía en cuanto acabó la segunda. Se trata de una obra inacabada y solo tiene los dos primeros movimientos, hasta cierto punto orquestados y arreglados por Glazunov. Es evidente que el tiempo que tardó en completarla se debió a su reticencia a componer otra obra de gran escala, sobre todo porque su ópera El príncipe Ígor no estaba terminada (de hecho, en esta ópera también trabajó de manera intermitente). Según Sergei Dianin, las primeras ideas motívicas para esta sinfonía son de alrededor de 1884, pero no continuó con el proyecto hasta dos años más tarde.
Para entonces, aún faltaba un acto entero de su ópera pero, en cualquier caso, comenzó a trabajar en su tercera sinfonía. A pesar de ello, seguía centrándose más en El príncipe Ígor, como se puede ver en la única mención de su tercera sinfonía en sus cartas a su mujer, el 7 de febrero de 1887:
Sabes que tengo una tercera sinfonía recién comenzada, pero aún queda un poco de tiempo hasta que aparezca porque tengo que trabajar mucho en Igor que está progresando lentamente.
Esta carta la escribió poco antes de fallecer, pero Glazunov, gracias a su memoria y los bocetos y esquemas que había dejado Borodin de las partes incompletas, logró arreglar el primer movimiento y satisfacer las intenciones conocidas de Borodin para el segundo (el scherzo había sido arreglado previamente para cuarteto de cuerda; fue interpretado en 1882 en una de las veladas musicales de Belyayev). Para el trío del scherzo, utilizó material de un episodio descartado para El príncipe Ígor. Glazunov trabajaría en esto tan solo un mes después de la muerte de Borodin, y para mayo los dos movimientos de la sinfonía ya estaban completados. El 24 de octubre de ese año se estrenaría la sinfonía, dirigida por Nikolai Rimsky-Korsakov, en un concierto conmemorativo.
Se sabe que Borodin tocó en el piano algunos pasajes del Andante, el tercer movimiento, a sus amigos. Dianin, uno de sus alumnos, también le oyó improvisar secciones del finale, el cual describió como potente y estilísticamente muy distinto a composiciones previas de Borodin.
El artista comenzará su ruta en Barcelona y le acompañará "The E Street Band" durante sus posteriores en San Sebastián y Madrid
Bruce Springteen actuando en una de su gira The Magic Tour en 2008. / CC
Bruce Springsteen y "The E Street Band" han confirmado las fechas de su próxima gira. Una gira europea que dará comienzo en Barcelona el 14 de Mayo, en el Camp Nou, y a la que seguirán San Sebastián, el 17 de Mayo en el Estadio de Anoeta y Madrid, el 21 de Mayo en el Estadio Santiago Bernabéu. Esta expedición contará tres únicos conciertos en España.
The River Tour 2016 dio comienzo el 16 de enero en Pittsburgh (EEUU) y en el mes de mayo dará el salto a Europa. El anuncio del inicio de The River Tour en EEUU coincidió con el lanzamiento del box set “The Ties That Bind: The River Collection”.
La gira The River Tour original comenzaba el 3 de octubre de 1980, dos semanas antes de que The River viera la luz, y siguió en septiembre de 1981. En ella, con un total de 140 conciertos, Bruce Springsteen and The E Street Band convertían en memorables cada uno de sus shows, marcando ya en esa época su estatus de mejor directo con una puesta en escena incansable, reputación que les sigue acompañando hoy en cada una de sus giras.
Como ya se ha venido haciendo en EEUU, en esta gira europea los fans tendrán la oportunidad también de poder comprar vía descarga o cd la grabación de cada uno de los conciertos, de forma exclusiva a través de www.brucespringsteen.net .
Volvemos hoy con Nikolai Myaskovsky, compositor que ya hemos conocido en dos artículos (para información general del compositor, véase este enlace), y nos centraremos en su octava sinfonía, que presenta construcciones y lenguajes muy típicos de la música rusa, como veremos, además de ser la segunda sinfonía de este compositor que publica en modo mayor (la primera en modo mayor fue la quinta).
Para escuchar la sinfonía, haga clic en este enlace.
Nikolai Myaskovsky / intoclassics.net
Esta sinfonía, compuesta entre 1924 y 1925, tiene una estructura formal bastante clara. Está dividida en cuatro movimientos, colocando el scherzo en segundo lugar antes del tiempo lento (esta mutación, respecto del estándar sinfónico clásico, es extremadamente frecuente en compositores rusos y se observa en obras tan representativas como la segunda sinfonía en si menor de Borodin).
Se trata de una sinfonía muy extensa; de hecho, es la segunda más larga de sus sinfonías sólo después de la sexta.
La temática de la sinfonía se basó en la figura de Stepan Razin (Stenka Razin), un cosaco del siglo XVII que organizó revueltas contra la nobleza de su época. Es un personaje muy conocido en la historia rusa e influyó obras de Glazunov y Shostakovich, entre otros, además de en literatura (Shukshin) y en pintura (Surikov y Kustodiev, por ejemplo).
Myaskovsky describió el primer movimiento como épico y narrativo, así como haciendo referencias a la estepa y la naturaleza. La verdad es que se mueve en general con un peso añadido en el relativo menor, con elementos temáticos inspirados en melodías tradicionales. A pesar de este enfoque, tanto en el primer como en el tercer movimiento, Myaskovsky no emplea el lenguaje de Glazunov como hizo en la quinta (y por el cual fue criticado por su amigo Prokofiev). La atmósfera general de este movimiento la utiliza como un fondo musical para desarrollar la historia de Stepan Razin más adelante. Es necesario tener en cuenta que no es un poema sinfónico, sino una sinfonía, de modo que Myaskovsky trabajará no en un modo totalmente descriptivo, sino que empleará recursos para expresarlo a través de la música. Por ello, surge de una manera mucho más paralela y sutil que en un poema sinfónico, donde la estructura externa se amolda tanto como sea necesario a la música, así mucho más libre en la forma.
Stepan Razin navegando en el mar Caspio / Vasily Surikov, 1906
El inicio del primer movimiento es muy tranquilo y pausado, con una melodía muy clara que se vuelve a escuchar a continuación con un encuadre armónico. El siguiente cambio hacia un tempo más movido se vale de los timbales y un estilo homofónico rítmico que lleva a la sección algo más rápida, aunque de lenguaje armónico similar. Como hemos visto en otras de sus sinfonías, emplea hemiolias y una aparente convergencia al nuevo tempo para anticipar el nuevo dinamismo más intenso. Todos estos pasajes son en cierto modo descriptivos, evocando distintas atmósferas y paisajes. La melodía que aparece a continuación es algo más conmovedora que las anteriores, por el empleo de la armonía tonal de otra manera, tratando de ser más emocional y sentimental. De hecho, la melodía nos podría recordar a otros compositores como Boris Lyatoshynsky. A partir de ahora el contenido melódico no sufre grandes cambios; de hecho, Myaskovsky decide emplear la forma y el desarrollo motívico par crear tensión y dramatismo.
El scherzo está compuesto en tiempo 7/4, orientado en torno al tema del agua a partir de sus distintas melodías que están relacionadas con este tema (obtuvo dos de ellas, con textos sobre entornos acuáticos, de una recopilación de Rimsky-Korsakov de melodías populares). Este movimiento también lo enfoca hacia Stepan Razin, en concreto, en sus travesías por el Volga.
En este segundo movimiento, Myaskovsky hace referencias a las escalas usadas en el tema melódico del primer movimiento, como manera paralela a la melodía principal del scherzo. El trio del scherzo tiene un tema muy melódico, probablemente haciendo alusión a la música tradicional, pues su tesitura corta y carácter muy vocal parecen indicarlo.
La claridad en la orquestación del tercer movimiento contrasta en gran medida con la del más turbulento scherzo. El movimiento lento incluye un tema en el estilo tradicional baskir (pueblo túrquico de la zona cercana a Ufá), así como otros muy melódicos basados en música de Asia central. Hace un uso bastante frecuente de la textura de melodía acompañada, valiéndose de recursos más complejos e instrumentalmente densos sólo en momentos de tensión o desarrollo. Esto se debe a su énfasis en las melodías con abundancia de orientalismos. Este es otro rasgo típico de la música rusa, que también fue desarrollada por el grupo de los Cinco y usada por la mayoría de compositores rusos posteriores; se puede ver en obras como En las estepas de Asia central (Borodin) o en Scheherezade (Rimsky-Korsakov). En Myaskovsky el interés por los orientalismos suele estar más enfocado hacia Asia central y a menudo queda como un segundo plano tras la música eslava (un poema sinfónico compuesto por su profesor, Anatoly Lyadov, muestra las influencias diversas de la mitología eslava: Kikimora, op. 63).
También es curioso como un muy breve pasaje del tercer movimiento, con arpa y flauta, nos recuerda al tema inicial de su séptima sinfonía y a ese otro pequeño fragmento de poca importancia en la sexta sinfonía. El lenguaje melódico del movimiento está muy bien desarrollado y por tanto permite la creación de una música lineal continua, bien escrita y romántica en concepto (aunque no en estilo compositivo, evidentemente).
El último movimiento, el finale, describe musicalmente la caída de Stepan Razin y su muerte. El rondó incluye numerosas armonías de carácter heroico y sólo en la coda cambian el lenguaje tonal dando pie a esta especie de narración musical.
Tras el torbellino
emocional que es el primer movimiento, llegamos, como en las
discotecas, al lento. Sólo que esta vez es el segundo movimiento,
y no hay nadie pinchando discos en ninguna cabina. Los segundos
movimientos de los conciertos suelen ser los más suaves y sencillos,
al ser los lentos. Bueno, Rachmaninoff no hará ninguna excepción
(no del todo), pero sí que se divertirá un poco con su estructura.
Si por algo se
caracteriza Rachmaninoff, es por ser una especie de "hombre
atrapado en una época que no es la suya". En pleno siglo XX
-y lo que es más, en Rusia, de donde salen los compositores más
experimentales-, Rachmaninoff seguía escribiendo música con los
sonidos y las reglas de hace un siglo. Ese anacronismo es compensado,
si es que necesita serlo, por la profundidad de la música (aunque
sus contemporáneos pensaban que esta era más bien hueca).
Nótese, sin embargo, que no sólo hablamos aquí de profundidad armónica. También son profundos los temas de los que trata la música.
En este segundo movimiento, Rachmaninoff acaba de encandilar a los espectadores: si su primer movimiento es agitado y proclama su recuperación, en este movimiento toma un aire más melancólico, o reposado si se prefiere.
Sí, este tema usa sonidos más oscuros, o profundos si se prefiere. Pero, a medida que se va desarrollando, el autor se desnuda emocionalmente ante sus espectadores. No es sencillamente un fragmento. Es una obra aparte.
Miles de emociones interactúan en este movimiento: la melancolía, la tristeza, la depresión. Y, por supuesto, también las hay positivas: emoción,
alegría, nostalgia... y ahí reside su brillantez. Si hay algo en lo
que Rachmaninoff es experto, es en alcanzar las emociones del
espectador, o su corazón si se prefiere, transformarlas en
música y hacerlas renacer en el oyente. En tocar el alma humana.
El segundo
movimiento comienza con un puente del Do menor en el que está el
anterior a la tonalidad de Mi mayor, la de este movimiento. Ahora, no
es sencillamente un puente: Rachmaninoff consigue preparar la
atmósfera con apenas seis acordes con un sonido muy religioso, muy
espiritual. Y entonces entra el piano.
Durante casi todo el
movimiento, el piano desarrolla un acompañamiento de tresillos.
Puede parecer sencillo, pero en realidad es en este acompañamiento
donde reside la profundidad del movimiento, ya que crean una
atmósfera íntima, un pequeño universo, frágil y sincero.
No tarda en entrar
la flauta con el primer tema (el único en realidad), dulce y
nostálgico. Acompañada del piano (y es que realmente es un dúo),
va desarrollando este tema. A medida que va avanzando, la música
cada vez cuenta más cosas; va ganando profundidad, hasta morir, y
dejar paso al piano.
Con una pequeña
introducción, el pianista repite el tema, aunque siguiendo el
crescendo que llevaba la flauta. Destaca cómo, ahora, es el
clarinete quien lleva los tresillos, y la orquesta va resaltando la
melodía. A continuación, la orquesta repite...la introducción del
piano. ¿Acaso es otro tema? Quién sabe. Porque justo cuando parece
que las cuerdas vayan a continuar con la repetición, el piano
comienza una cadencia, un crescendo que va buscando una
resolución, cada vez más angustioso, cada vez más movido, pero sin
prisa. Rachmaninoff quiere desarrollar la música lentamente para
así, poder acabar en el estallido glorioso de la melodía. Y cuando
parece que esta cadencia, o segundo tema, ha acabado, el compositor
lo vuelve a repetir, de nuevo en una búsqueda, pero cada vez más
críptica, más angustiosa si se quiere, y vuelve a resolver. Pero
esta vez, aparte de la gloria, se ve cierto dolor.
Un arpegio da fin a
este tema, y al mismo tiempo da comienzo a lo que sería el solo
del piano, la "verdadera" cadencia, machacadora a nivel
técnico, y que de nuevo azora este segundo movimiento.
Evidentemente, tiene que acabar con una serie de arpegios oscuros,
medievales; y de nuevo, Rachmaninoff sorprende con una dulce
conclusión a esta cadencia.
Las cuerdas abren la
útima sección, en la que se da la sensación del fin de una
tormenta. Vuelve la ternura, pero esta vez hay cierta inseguridad; es
un momento de reflexión, el momento en el que la música alcanza el
corazón y acciona unas cuerdas invisibles que causan melancolía al
tiempo que reminiscencia, un especie de sentimiento de de "dulce
derrota". Y luego dicen que esta música no es profunda.
Las cuerdas repiten
el tema, donde queda más clara esta idea. Llama la atención cómo
las cuerdas dejan hablar gentilmente al piano cuando este da las
respuestas al tema.
Y llega el momento
final, tal vez el más emocional del movimiento y del concierto
entero; con unos sencillos acordes y arpegios, la música va
muriendo, deshaciéndose, en una especie de éxtasis sonoro, la
culminación del movimiento y el descanso del artista. Recuerda tal
vez a algún momento de la infancia, o a un amor perdido.
Antes del arpegio
final, me llama la atención un acorde concreto (6 antes del final),
que parece ser una séptima y también recuerda un poco al jazz
(curioso, ¿no?) Es también el punto de inflexión, el que da
sensación de ser el punto más alto de estos acordes, a partir de la
cual, la música acaba de bajar.
La versión que he
escogido para este artículo es la que nos mostró una jovencísima
pianista (16 años), Lara Melda, en la edición de 2012 del premio
Young Musician, de la BBC (premio que había ganado en la anterior
edición).
Si bien no es la mejor interpretación a nivel técnico, Lara
Melda demuestra poseer un entendimiento profundo de lo que está
tocando, hasta el punto de que parece sentir todas y cada una de las
notas que hace sonar. Difícilmente puede alguien no sentir nada con
esta interpretación.
La curiosidad de
este movimiento es que su estructura armónica (sus acordes) fue
reutilizada por Eric Carmen en su clásico ochentero All by
myself, homenaje que le costó una demanda judicial.