domingo, 28 de febrero de 2016



En el siglo XIX, la música rusa sufría una importante transformación. Ante los estilos cada vez más similares a los germánicos entre compositores como Tchaikovsky o Rubinstein, un grupo de cinco compositores se formó para crear un estilo propio y nacional que influiría posteriormente en todo el desarrollo de la música rusa. Se trata del grupo de los Cinco (Могучая кучка), entre los que se encontraban Rimsky-Korsakov, Balakirev, Cui, Mussorgsky y, en quien nos centramos hoy, Aleksandr Borodin.

Químico de profesión (y descubridor de la importante reacción aldol), el volumen de obras de Borodin es más reducido que el de muchos coetáneos, pero su importancia en el panorama musical, especialmente el sinfónico, es indiscutible. Se podría decir que su segunda sinfonía, en si menor, fue la que marcó cómo sería el estilo sinfónico de los compositores rusos, basándose en motivos y en el uso de armonías con orientalismos o referencias a música tradicional eslava, rasgos poco convencionales hast ese momento. También destaca el posicionamiento casi exclusivo del scherzo como segundo movimiento y el movimiento lento como el tercero. La influencia de este estilo se puede ver de manera directa en las sinfonías de Balakirev, Lyapunov, Glazunov y muchos otros. Indirectamente se refleja hasta en compositores de mediados del siglo XX.

Borodin estuvo pensando en su tercera sinfonía en cuanto acabó la segunda. Se trata de una obra inacabada y solo tiene los dos primeros movimientos, hasta cierto punto orquestados y arreglados por Glazunov. Es evidente que el tiempo que tardó en completarla se debió a su reticencia a componer otra obra de gran escala, sobre todo porque su ópera El príncipe Ígor no estaba terminada (de hecho, en esta ópera también trabajó de manera intermitente). Según Sergei Dianin, las primeras ideas motívicas para esta sinfonía son de alrededor de 1884, pero no continuó con el proyecto hasta dos años más tarde.
Para entonces, aún faltaba un acto entero de su ópera pero, en cualquier caso, comenzó a trabajar en su tercera sinfonía. A pesar de ello, seguía centrándose más en El príncipe Ígor, como se puede ver en la única mención de su tercera sinfonía en sus cartas a su mujer, el 7 de febrero de 1887:
Sabes que tengo una tercera sinfonía recién comenzada, pero aún queda un poco de tiempo hasta que aparezca porque tengo que trabajar mucho en Igor que está progresando lentamente.
Esta carta la escribió poco antes de fallecer, pero Glazunov, gracias a su memoria y los bocetos y esquemas que había dejado Borodin de las partes incompletas, logró arreglar el primer movimiento y satisfacer las intenciones conocidas de Borodin para el segundo (el scherzo había sido arreglado previamente para cuarteto de cuerda; fue interpretado en 1882 en una de las veladas musicales de Belyayev). Para el trío del scherzo, utilizó material de un episodio descartado para El príncipe Ígor. Glazunov trabajaría en esto tan solo un mes después de la muerte de Borodin, y para mayo los dos movimientos de la sinfonía ya estaban completados. El 24 de octubre de ese año se estrenaría la sinfonía, dirigida por Nikolai Rimsky-Korsakov, en un concierto conmemorativo.
Se sabe que Borodin tocó en el piano algunos pasajes del Andante, el tercer movimiento, a sus amigos. Dianin, uno de sus alumnos, también le oyó improvisar secciones del finale, el cual describió como potente y estilísticamente muy distinto a composiciones previas de Borodin.

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