viernes, 30 de octubre de 2015

Simrock de bonn
Simrock de Bonn. / Creative Commons
Este es Simrock de Bonn, el mejor editorialista vienés del siglo XIX y, aunque cueste creerlo, el primer ser humano que se ganaba la vida pirateando obras musicales. El modus operandi de Simrock era muy simple: se hacía con obras publicadas por otras editoriales para luego venderlas como si fuesen suyas. Entonces no era ilegal, aunque sí poco ético, y hubo varias disputas entre artistas y editorialistas al respecto. No existía una ley que regulase la piratería y eso frustraba mucho a los artistas de la época. El robo de obras se realizaba, sobre todo, copiando partituras. Uno de los compositores más afectados por esta práctica, hoy considerada ilegal, fue el compositor alemán Ludwig van Beethoven.

La piratería en la actualidad ha dado numerosos quebraderos de cabeza. Conforme ha aumentado el número de usuarios de Internet, la distribución ilegal de datos no ha hecho más que incrementarse proporcionalmente. Miles de servidores perdidos en toda la red albergan de manera de forma ilícita obras con derechos de autor reservados. Estas obras se ponen al servicio del usuario, quien podrá descargar muchísima información sin pagar por ella.

Para los cibernautas, la piratería no existe, sino que es simplemente una forma de compartir una serie de archivos con un "compañero", de la misma manera que lo compartiría si lo invita a su casa. No obstante, los profesionales que se dedican al mundo del arte son incapaces de asumir esta máxima. En 2014, el 84% de los contenidos culturales que se adquirían en España fueron de origen pirata. Actualmente, el delito de piratería en España está penalizado con multas que van desde los 150.000 hasta los 600.000 €.

En nuestro país, la piratería sigue siendo uno de los asuntos más polémicos de los últimos años. En 2009, la Ministra de Cultura del gobierno del PSOE, Ángeles Gonzalez-Sinde, publicaba una ley contra la piratería: la polémica Ley Sinde. Esta ley intentaba regular, en la medida de lo posible, el flujo ilegal de obras españolas con derechos reservados en el entorno cibernético. Sin embargo, esta legislación trajo consigo un arma de doble filo que solamente sirvió para enriquecer aún más a este organismo, puesto que la Sociedad General de Autores Españoles comenzó a cobrar derechos de autor por la reproducción de obras que ni siquiera tenían reservadas. Irónicamente, el opositor a la piratería había pasado a convertirse en otro pirata más.

Fuente:

https://en.wikipedia.org/wiki/N._Simrock

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